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viernes, 21 de octubre de 2016

Latine musica: CARPE DIEM, fusión rap-flamenco


Estamos comenzando a estudiar Latín en 4º de ESO con actividades creativas (como el vídeo recientemente publicado en este blog) o actividades de expresión oral en forma de pequeños diálogos, en que los alumnos, además de practicar la pronunciación del latín, descubren algunos aforismos y tópicos de la cultura romana que siguen vigentes hoy en día.
Entre esos tópicos se incluye el archiconocido CARPE DIEM (Horacio, Odas, I, 11), nombre rey de muchos locales de ocio de nuestras ciudades (¡asombra el gran número de pubs, discotecas o salas de música que tienen rotulado esta expresión horaciana!!!) que ha inspirado a todo tipo de artistas durante más de veinte siglos. 


Presentamos aquí, una reutilización de este tópico en uno de los géneros de la música actual más escuchado por nuestros adolescentes, el rap.
Se trata de la canción CARPE DIEM, incluida en el tercer album de José Antonio Velasco Ruiz, alias artístico «el Maki», cantante y compositor onubense de hip-hop y rap.



Esta canción, interpretada por el Maki y Yanira Figueroa, actualiza el tópico horaciano para el público actual, fusionando el rap con el flamenco de su tierra de origen.

Hacer clic sobre la imagen para ampliar



MALA ME FECIT

domingo, 16 de octubre de 2016

AUREA DICTA LATINA


Comenzando a estudiar LATÍN en 4º de ESO, hemos unido presente y pasado clásico para aprender, combinando el uso de las TIC con esas frases célebres que los romanos nos dejaron y que, sin darnos cuenta, seguimos usando en la actualidad. 

He aquí el resultado realizado con la imaginación de los alumnos y las herramientas TIC de montaje de fotográfico y audiovisual CANVA y ANIMOTO.

 
MALA ET DICIPULIS ID FECERUNT

sábado, 13 de junio de 2015

OMNIA SUNT COMMUNIA...


Dos concejales del recién constituido Ayuntamiento de Madrid, Pablo Carmona y Guillermo  Zapata de la lista de la plataforma ciudadana Ahora Madrid que encabeza la flamante alcaldesa Manuela Carmena, han prometido esta mañana sus cargos en la ceremonia de constitución del Ayuntamiento con la fórmula: "Sí, prometo. Omnia sunt communia!", que no ha sido bien comprendida por el secretario del consistorio madrileño y, bien seguro, tampoco por muchos ciudadanos madrileños y españoles.




Omnia sunt communia, «todo es común» o «todo es de todos», procede, como otros aforismos latinos, de una máxima o sentencia del filósofo y doctor de la iglesia cristiana del siglo XIII Tomás de Aquino (1225-1274).

Esta aparece en el tratado teológico titulado Summa Teologica, parte II-IIae -Quaestio 32, artíc 7, relativo a si se puede dar limosna con lo ilícitamente adquirido y en su forma extensa original es In extrema necessitate omnia sunt communia “en caso de extrema necesidad todas las cosas son comunes”



Con esta frase el citado filósofo apela al derecho natural y antepone la necesidad de convertir la propiedad privada en comunitaria en casos de extrema dificultad económica o social. 
Aunque, en origen, esta sentencia fue aplicada por el Aquinate a la ausencia de delito de robo para quien se viera obligado por necesidad a apropiarse de bienes ajenos pública o privadamente para su sustento personal o a quien robara para entregarlo como limosna a otras personas necesitadas, pues por el mero hecho de contribuir al bien común todas las cosas dejan de ser propiedad de alguien en concreto para ser de todos e finalmente se convirtió en una verdad de la fe cristiana y principio fundamental de la doctrina social y humanitaria de la iglesia de esta confesión.

El mismo precepto con idéntica explicación se recoge también en el tratado Quaestiones de Duodecim Quodlibet, XII, quaestio 18, artic 3 relativo a la licitud de que los sacerdotes puedan aceptar limosnas procedentes de un robo. 


En el plano social la máxima fue reutilizada como grito de guerra de los campesinos alemanes, encabezados por un pastor protestante alemán proreformista, llamado Thomas Müntzer, durante su rebelión a raíz de la privatización de tierras comunales en el siglo XVI. 

Y más recientemente, el principio omnia sunt communia es la máxima defendida en la sociedad cibernética por los defensores del uso público, libre, abierto y común de las TIC a través del MovimientoOpen (¿verdad que a muchos os suena lo de software libre, dominio público, licencias Creative Commons, etc.?).


Dejamos constancia en este post de una nueva reutilización social de esta máxima de Tomás de Aquino y, sea cual sea el grado de compromiso y/o fidelidad con que haya sido empleada por los nuevos regidores madrileños, lo único que puedo aconsejar a ellos y a todos los nuevos electos es un Accedite candidatos!! ... sed  accedite ad populum .
Y a varios de los que se van o de momento siguen: Abusus non est usus, sed corruptela


COMMUNIA SUNT POPULARIA
POPULARIA SUNT COMMUNIA

DIXI 


MALA HOC SCRIPSIT

miércoles, 13 de marzo de 2013

FUMATA BLANCA, EXTRA OMNES y la elección del nuevo Papa


Ayer comenzó en la Capilla Sixtina del Vaticano el Cónclave para la elección del nuevo Papa de la Iglesia Cristiana tras la renuncia del que había ocupado el cargo entre 2005 y 2013, Benedicto XVI
Desde cuando se conoció la noticia de que la Iglesia había de elegir un nuevo pontífice, no paran de escucharse en los medios de comunicación términos y frases en latín alusivas a esta circunstancia. 
Ayer, el diario español ABC publicó una lista con algunos de los términos usados con profusión en estos días y con otros no tan conocidos, pero sí usados en el marco del cónclave de la elección papal. 

 Para vuestro uso y disfrute os dejo aquí el mencionado artículo.
 

MALA ME FECIT

jueves, 1 de marzo de 2012

FEBRUARIUS BISEXTUS O EL ORIGEN ROMANO DE LOS AÑOS BISIESTOS (y 2)


Después de la Reforma Juliana del calendario romano, el emperador Augusto estableció una nueva reforma en el año 8 a.C., la cual consistió básicamente en ajustar los días de cada mes a 30 o 31, dando a febrero 28 días, y en los años bisiestos el día añadido a febrero se colocó de forma más lógica después del último día del mes, tras el 28, dando lugar a un mes de 29 días, pero conservándose la designación de año bisextum


Este procedimiento estuvo vigente entre los años 45 a.C. y 1582 d.C. Este último año contó con un desfase de 10 días entre los ciclos lunar y solar. Pero ya desde el siglo XIII los astrónomos habían observado desfases entre el calendario juliano y el ciclo solar, debido a que el calendario solar constaba de 365 días, 5 horas, 48 minutos y 46 segundos (casi 20 horas menos que las establecidas por Julio César para cada año), pues, a lo largo de los siglos de vigencia del calendario juliano, cada año se había ido acumulando un retraso de 11 minutos y 14 segundos.


Para corregir este desfase y para establecer una norma precisa en cuanto al año en concreto que debía ser bisiesto, en 1582 el Papa Gregorio XIII promueve una nueva reforma del calendario, eliminando ese año 10 días en el mes de octubre (del 4 de octubre se pasó directamente al día 15) y para evitar que, a partir de entonces, sucediera lo mismo, se decidió que el último año de cada siglo (coincidente con la cifra final 00: 1700, 1800, 1900, 2000, etc.) no fuera bisiesto, aunque por cómputo sí debiera serlo. Quedaron precisados, así, los años concretos que habían de llevar 29 días en el mes de febrero. Es la conocida como Reforma Gregoriana, la cual subsiste hasta nuestros días y pervivirá seguramente durante muchísimo tiempo más.



Los años bisiestos tienen muy mala prensa en nuestra cultura actual, ligados a catástrofes, sucesos nefastos, malas cosechas, etc. 

El año bisiesto, ¿nefasto o diferente?

Esa mala fama existía ya en la cultura romana, por lo cual, no sólo debemos a los romanos la creación de este perfecto sistema de datación anual que combina los años lunar y solar, sino también la fama atribuida por superstición a estos años con un día más en su cuenta. 



En la cultura maya (que lógicamente no conocía el sistema de datación anula de los romanos) fue establecido como el año del fin del mundo.






Y el astrólogo Nostradamus en el siglo XVI hacía un pronóstico similar en su obra  Les Vrayes Centuries et Propheties de Maître Michel Nostradamus.


 
Y ciertamente, no sé si por ser  bisiesto, 2012 ha empezado siendo un ANNUS HORRIBILIS, que puede llegar a ser HORROBILIOR o, incluso HORRIBILISSIMUS.

Tengamos, pues, resignación y paciencia y esperemos que 2012 no tenga los efectos que cierta película estadounidense "profetizaba" recientemente para nuestro mundo. 



De momento tenemos por delante diez meses de un año bisiesto presidido desde su inicio por una INVOLUCIÓN social y económica que afecta de lleno a nuestras vidas y que, seguramente, trasformará las mentalidades y el funcionamiento del mundo en general. Tal vez a un renacer de nuestras propias cenizas se referían los mayas y el sabio Nostradamus cuando lanzaron sus profecías. 
 MALA ME FECIT DIE BISEXTO

FEBRUARIUS BISEXTUS O EL ORIGEN ROMANO DE LOS AÑOS BISIESTOS


El calendario que conocemos actualmente tiene su origen en el primitivo calendario romano, el cual estaba estrechamente vinculado a la religión romana arcaica y planteaba serias dificultades a la hora de computar el tiempo de forma precisa.



Las dificultades que entraña el estudio del antiguo calendario romano ya fueron puestas en evidencia por los historiadores romanos de los siglos III y IV a.C. Estos, al estudiar las diversas fuentes que daban testimonio histórico acerca de la religión romana, se dan cuenta de que todas ellas ofrecían una cierta unidad, fruto de una organización consciente atribuida desde épocas muy antiguas al rey Numa, el segundo de los reyes de la Roma arcaica después del mítico Rómulo.


Por tanto, antes de la época republicana, es indudable la influencia etrusca del calendario romano y en esta etapa o a comienzos del período republicano, tras la expulsión del último rey, se habría llevado a cabo la organización del calendario romano.
El calendario arcaico de influencia etrusca precisó de una revisión por parte de los reformadores romanos del comienzo de la República ya que se trataba de un calendario solar que había de ser adaptado al sistema de datación lunar, propio de los latinos, en el que las fechas se establecían teniendo en cuenta las fases de la luna: las kalendae, el primer día del mes; los idus, coincidiendo con la luna llena; y las nonae, coincidiendo con el día del cuarto creciente.


Según la tradición romana, Rómulo había creado un calendario de diez meses (de marzo a diciembre) basado en el mes lunar sinódico, que constaba de 29,53059 días, esto es, veintinueve días y medio por cada mes, que en el cómputo anual hacían doscientos noventa y cinco días en total. Los romanos atribuían, en cambio, a su calendario veintinueve días justos a seis de los diez meses del año (abril, junio, agosto, septiembre, noviembre y diciembre) y treinta y un días a los cuatro meses restantes (marzo, mayo, julio y octubre).



El problema que surgía de este cómputo perjudicaba enormemente los ciclos agrarios y ganaderos ya que la primavera y el otoño, meses claves para la siembra y la recolección de los frutos e inicio y fin del pastoreo respectivamente, caían cada año en fechas y meses diferentes, sin poderse establecer con seguridad en qué mes empezarían la primavera o el otoño cada año.


El primer intento de solucionar este problema fue la reforma atribuida al rey Numa, según la tradición más extendida, y consistió en incorporar dos meses de relleno al comienzo del año, enero y febrero, quedando como tercero marzo, que hasta entonces había sido el primer mes del año, y retrasando el resto de meses en dos puestos, lo cual hizo que sus nombres, basados en el orden temporal que ocupaban (por ejemplo septiembre era el mensis septimus, octubre el octavus, etc.), fueran un tanto contradictorios con respecto a ese orden cronológico.


No obstante el calendario lunar de doce meses, con el añadido de los meses Ianuarius (mes del dios Jano, de 29 días) y Februarius (mes de las februa o purificaciones, de 28 días), seguía careciendo de días suficientes para poder ajustarse al año solar, pues constaba en total de 354,37 días, cuando el año medio trópico debía constar de 365,25 días.


Para ajustar ese desfase y equilibrar los años lunar y solar se buscó una nueva solución que consistió en introducir cada dos años a partir del 23 de febrero un mes embolismal con 25 o 28 días intercalares alternativamente, al que llamaron Mercedonius. Pero este procedimiento tampoco solucionó las cosas, ocurriendo el desfase cada año en estaciones diferentes. Así que fue entonces cuando los meses del año tomaron un cómputo de 30 o 31 días alternativamente.
 
Hacia el 47 a.C., cuando Julio César desempeñaba el cargo de Pontifex Maximus, la diferencia entre el calendario lunar y el solar rondaba los tres meses. Julio César emprendió entonces la conocida como Reforma Juliana, en colaboración con el astrónomo griego Sosígenes de Alejandría, y alargó el año 46 a un total de 445 días, que, por fin, acabaron con el desfase anual. 

El procedimiento para conseguirlo fue repetir la misma fecha ochenta y una veces y el año 46 a.C. recibió, por ello, el nombre de annus confusionis. Para evitar futuras confusiones, Julio César estableció que a partir del siguiente año (45 a.C.) cada año tendría 365,25 días y que cada cuatro años se añadiría un día de más detrás del 24 de febrero, que era, según el sistema de datación romano, el sextum diem ante kalendas Martias, esto es, el sexto día antes del 1 de marzo (se eligió la fecha colocarlo ahí en recuerdo del calendario del rey Numa, en que febrero constaba de 24 días). Al tener ese año dos veces el día 24, dos veces el día sexto, se utilizó el adverbio bis “dos veces” para designarlo, surgiendo así bis sextum > bisextum “dos veces sexto”, de donde procede la denominación actual año bisiesto.

domingo, 15 de mayo de 2011

REFERENTES CLÁSICOS EN EL CAMINO DE SANTIAGO: "QUO VADIS: EL CAMINANTE" DE SENDO

El día 5 de mayo fue colocada en la Plaza de San Francisco, acceso a la ciudad por el Camino de Santiago y por la Vía de la Plata (y delante mismo de un albergue de peregrinos), una gran escultura que homenajea a todos los peregrinos que por tan singular vía medieval llegan a Astorga por la Puerta del Sol.
La nueva obra lleva por nombre "QUO VADIS: El Caminante" y es obra del artista, natural de San Justo de la Vega (León), Rosendo García Ramos, "Sendo".


El proyecto, realizado originalmente con materiales perecederos, se presentó por primera vez en el verano del Año Santo Jacobeo 2004 en la plaza situada frente al famoso Palacio Episcopal del arquitecto Antonio Gaudí, con un tamaño considerablemente superior a la escultura final en bronce que ahora se ha materializado (5 metros medía la primera factura de la obra y 2,7 metros alcanza la actual), pero sufrió un lamentable incendio vandálico en que fue seriamente destruida.



Ya entonces el escultor justificaba el nombre latino dado a su obra como alegoría de ese viaje espiritual que alguna vez en la vida todos, y no sólo quienes emprenden la peregrinación a Compostela, realizamos en busca de un sentido que dar a nuestra existencia.

La gran admiración que había suscitado entre quienes contemplaron aquella primera factura de la obra y el impacto popular causado por su destrucción vandálica, impulsaron a Sendo a repetir, con ciertas variaciones respecto a aquella primera obra (principalmente en cuanto al tamaño y la factura broncínea que la hace prácticamente indestructible), esta singular escultura que, recoge eclécticamente referentes de otras obras pictóricas del artista de dicadas al peregrino y al caminante, y que este mes ha sido instalada en la confluencia de las Rutas Jacobea y de la Plata de la astorgana Puerta del Sol . 







El artista

Rosendo García Ramos, más conocido como Sendo, nació en la localidad leonesa de San Justo de la Vega, próxima a Astorga y paso obligado de los peregrinos hacia Santiago. Estudió en la Escuela de Arquitectos Técnicos de Madrid y en la Escuela Superior de Bellas Artes de Madrid y Bilbao. En 1979 obtuvo la Cátedra de Dibujo de Instituto de Bachillerato y desde 1987 ejerce como catedrático de Diseño en el Instituto Español de Lisboa, alternando su trabajo artístico y creativo entre Lisboa y León.

La frase
Quo vadis?

Seguramente el nombre de esta escultura nos recuerda a la famosa película de Mervyn Le Roy (1951) titulada “QUO VADIS?” y protagonizada por Robert Taylor y Deborah Kerr (que tantas veces han puesto en televisión en el período de la Semana Santa), logradísima adaptación cinematográfica de la novela homónima del escritor polaco Henryk Sienkiewicz (1846-1916)), quien, gracias a ella, recibió el premio Nobel de Literatura en 1905. Sienkiewicz escribió esta novela histórica en 1895 cosechando un éxito extraordinario e inmediato, siendo traducida a más de 30 idiomas y adaptada cinematográficamente por primera vez en 1912.






Este aforismo popularizado por el film de Le Roy se refiere a un conocido pasaje ocurrido en la vida de San Pedro, primero de los Papas y sucesor de Jesucristo al frente de la Iglesia cristiana en época de Nerón, cuando, aconsejado por sus numerosos discípulos, se disponía a abandonar Roma ante la inminencia de su detención. Mientras caminaba por la Via Appia, a las afueras de la ciudad, se le aparece Cristo, caminando con la Cruz. San Pedro, conmovido le pregunta: "Quo vadis, Domine?", "¿Adónde vas, Señor?"; a lo que Cristo responde: "Voy a Roma, a ser crucificado de nuevo". Esta respuesta, que anuncia la futura crucifixión de Pedro en Roma, hace que el apóstol decida volver a la urbe y enfrentarse con valor a su destino. 

Reproducimos aquí un fragmento de la leyenda que debió originarse en el siglo III, en época de San Lino, sucesor de Pedro y segundo Papa cristiano.


“Y en la primera noche, una vez ya celebrados los actos religiosos, despidióse de los hermanos, y dejándoles en manos del Señor, marchó solo. Y al caminar notó que se le cayeron de las rodillas las vendas gastadas ya por los grilletes. Pero cuando llegó a las puertas de la ciudad para alejarse, vio que le salía al paso Cristo. Cayó Pedro de rodillas en ademán de adoración ante el Señor, y le dijo «Señor, Quo vadis, a dónde vas?» Dícele Cristo: «A Roma vengo para ser crucificado de nuevo». Y díjole Pedro: «¡Cómo Señor! ¿Serás Tú crucificado de nuevo?» Replicóle el Señor: «Así es, de nuevo he de ser puesto en cruz». Dícele Pedro: «Volveré atrás y seguirte he».
Tras estas palabras el Señor subió a los cielos. Siguióle largo rato Pedro con la mirada y con los ojos arrasados en dulcísimas lágrimas. Y recapacitando en sí, cayó en la cuenta de que aquello le había dicho el Señor refiriéndose a su propia muerte, mediante la cual el Señor habría de sufrir de nuevo la Pasión”.
Domine, Quo Vadis? de Annibale Carracci (año 1601/02)
 National Gallery de Londres


QUO VADIS?, ¿A dónde te diriges?
- Voy a encontrar mi camino.


Mala in Lucento scripsit et Ayo in Asturica Augusta photographiavit.